Los estrafalarios de Hernández – 6/08/2014

Los estrafalarios de Hernández – 6/08/2014

Los estrafalarios de Hernández

Así es como titula Kalibán Usina Teatro a su espectáculo recientemente estrenado en la Sala Platea Sur, en Montevideo, con la dirección de Diana Veneziano.

Verdaderamente es un “acontecimiento escénico sobre Felisberto Hernández” -tal como se lo define en el programa- que se atiene a algunos rasgos sustantivos de la narrativa y la música del autor, a su estética y a su presencia en el panorama artístico rioplatense.

Para ello se vale del traslado de muy breves pasajes narrativos al código teatral en el que además de las actuaciones hay una instalación escénica que incluye trabajo coreográfico, música en vivo, video, muebles-objetos y muñecas. Los pasajes tomados de los relatos no abandonan el fragmentarismo y por tanto no reelaboran una narración ni un tema propiamente dicho sino un transcurso escénico.

La acertada creación de atmósfera se inicia en el ambulatorio donde se invita al público a un brindis singular, se entrega el programa ensobrado y un dossier dedicado fundamentalmente a la crítica sobre FH, en el que se destacan conocidos textos de Ángel Rama, Julio Cortázar e Italo Calvino.

La atmósfera se instala en el extenso espacio escénico, una planta de base rectangular en cuyos laterales se sienta el público. Los extremos, que cuentan con tablados, ofician como los polos del transcurrir, dan lugar a algunas escenas y cuadros pero mediante plataformas giratorias y otros originales recursos hay desplazamientos reales y simbólicos que llevan las escenas a todo el espacio. Las llevan especialmente al área central adonde desde atrás de un telón ingresa tres veces una enorme vitrina con elementos y escenas muy sugerentes y bellas.

A todo esto se suma el vestuario de época, la conjunción de música, utilería, efectos sonoros e iluminación cálida e intimista.

La obra pone en correlación segmentos de realidad recordada-soñada-narrada por el protagonista. En esto consiste otro acierto de la dirección de Veneziano porque hace un adecuado traslado de códigos y supera el riesgo de dramatizar el pasaje de algún cuento. Esos segmentos, que incluyen seres, neurastenias y objetos, se enlazan y aproximan creando ilusión y ambigüedad pero quedan librados a relaciones significantes novedosas, inesperadas, de naturaleza poética sin que instalen temas ni líneas argumentales claras.

En rigor es como ocurre en la narrativa de FH. Asistimos a una proliferación alógica, sugerente, a veces disintáctica, a relaciones nuevas que parecen ser las de “un mitólogo de los recuerdos y los objetos” como lo definía Roberto Ibáñez.

La puesta incluye el acierto de otras metáforas visuales como las que resultan de muebles pequeños creados a partir del ensamblaje de piezas y materiales heterogéneos, que se aproximan a las imágenes de los sueños, o las metáforas creadas a expensas de muñecas, maniquíes y partes de ellos tanto como con las caracterizaciones.

Es de destacar la inclusión del doble del protagonista, y de otra figura asociada a la niñez del autor por desplazamiento desde la de uno de los músicos. También de un video que asume la rareza de ciertos extremos del episodio del sepelio de FH en 1964, recreado con acierto y mesura.

En suma: es un espectáculo que comparece en el cincuentenario de la muerte de FH con una propuesta que conlleva acertadas lecturas y logros escénicos. Además bien vale como fino homenaje.

Ricardo Pallares

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